C
“El Espíritu del Señor está
sobre MÍ”
La liturgia de la Palabra de
este domingo nos muestra un itinerario de vida cristiana que nace con la
proclamación y la escucha de la Palabra de Dios. Una Palabra que revela a un
Dios que apuesta una y otra vez por la humanidad, amándola hasta el extremo. El
proyecto de Dios está encaminado a construir una esperanza nueva en la
humanidad. El objetivo es que toda persona tenga un sentido de vida, basado en
la justicia, la paz y la dignidad.
Dios con su Palabra nos
convoca a todos y cada uno de nosotros a vivir en clave de encuentro, porque es
un Dios Padre, que se hace cercano y acogedor de las diversas historias
personales. Es una invitación abierta, que necesita de una respuesta, porque todos
estamos llamados a participar en esta dinámica de realización personal y
comunitaria.
Fruto del máximo amor que Dios
nos tiene es el envío de su Hijo, para facilitarnos las cosas; su encarnación
marca un antes y un después, ya que nos ofrece un nuevo horizonte para nuestra
vida. Su mensaje, sus acciones calan en lo más profundo de nuestros corazones,
para que desde ahí sigamos proclamando una palabra de aliento para nuestro
mundo convulso. Comenzamos por nosotros mismos, por nuestro entorno, para que
desde ahí podamos ir dando pasos, y siendo los mejores embajadores de Cristo en
nuestra sociedad.
3 DOMINGO DEL T.
O. - 26 DE ENERO
LECTURAS:
Lectura del Libro de Nehemías
8, 2-4a. 5-6. 8-10 :”En aquellos días, el día primero del mes séptimo, el
sacerdote Esdras trajo el libro de la ley ante la comunidad: hombres, mujeres y
cuantos tenían uso de razón…”
Salmo 18, R/. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
Lectura de la primera carta
del Apóstol San Pablo a los Corintios 12, 12-30:: “Lo mismo que el cuerpo es
uno y tiene muchos iembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser
muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo…”
Lectura del santo Evangelio
según San Lucas 1, 1-4; 4, 14- 21
Ilustre Teófilo: “Puesto que
muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han
cumplido entre nosotros, como nos los transmitieron los que fueron desde el
principio testigos oculares y servidores de la palabra, también yo he resuelto
escribírtelos por su orden,…”
Reflexión del Evangelio de hoy
Palabra de Vida
El texto de Nehemías narra un
hecho importante para el pueblo judío: la lectura pública de la Palabra de
Dios. A partir de ese momento va ser considerada una religión del Libro, y va a
adquirir una identidad: la relación de Dios con su pueblo, a través de su
Palabra.
La Palabra de Dios, tiene como
destinatarios a todos los habitantes del pueblo de Israel. Por consiguiente,
esta Palabra adquiere una dimensión existencial, porque contiene un mensaje que
se actualiza en cada ciudadano judío.
La Iglesia como heredera del
antiguo pueblo de la Alianza, valora positivamente la Palabra de Dios, porque
encontramos una tradición que anuncia al Mesías esperado. Por tanto, se abre
una perspectiva en la revelación del Evangelio de Cristo, que es el que
realmente da sentido a nuestra identidad cristiana. La Buena Noticia que trae
Jesús es capaz de ofrecernos un nuevo modo de vida, de encuentro y de
fraternidad.
Diversidad y Unidad en la
Comunidad
La comparación que realiza San
Pablo en esta carta, al considerar a la Iglesia como comunidad de creyentes,
con el cuerpo humano, es acertada e iluminadora. La cabeza y centro de la
Iglesia es el mismo Cristo.
El cuerpo humano está
compuesto por distintos miembros y órganos, que a su vez desarrollan una tarea
determinada, para un correcto funcionamiento. De igual modo cada cristiano,
lleva a cabo una misión o un servicio concreto: unos cumplen el ministerio del
sacerdocio, otros tienen la tarea de educar en la fe en la catequesis, otros
trabajan en el ámbito social, algunos organizan la liturgia, etc.… En
definitiva cada cual vive y realiza un cometido que enriquece a toda la
asamblea comunitaria, logrando una Iglesia dinámica y viva.
La Iglesia debe ser una
auténtica comunidad que aglutine la diversidad de personas con su propio
carisma, personalidad e identidad, dándole un toque de diversidad y pluralidad,
y ofreciendo posibilidades de crecimiento. Está encaminada a vivir un espíritu
de unidad, como el mismo cuerpo, en el que todas sus partes son necesarias para
un funcionamiento óptimo. Sin embargo no podemos confundir la unidad que
representan los miembros de la Iglesia, con la uniformidad, ya que el ámbito
eclesial está instituido por el Espíritu de Cristo.
La diversidad dentro de la
Iglesia va orientada a realizar un proceso dinámico, potenciando la acogida, el
encuentro y la realización particular de cada persona. El modelo a seguir es
Jesucristo, que nos convoca, y es el centro de la comunidad, en su nombre nos
reunimos en cada Eucaristía.
Buena Noticia como itinerario
de Vida
El relato de Lucas comienza
con una presentación del autor, poniendo por escrito la Buena Noticia de
Jesucristo. Ha tenido acceso a otros textos: buscando, indagando y
reflexionando. El procedimiento que ha realizado le capacita para poder
transmitir esas verdades a su comunidad, dentro de su contexto.
Este ejercicio de Lucas, se
hace necesario para nuestra vida de fe, porque en nuestro itinerario
descubrimos progresivamente a Cristo, a través de su Palabra, y la aplicamos a
nuestras experiencias vitales. El conocimiento de Jesús se hace imprescindible
en la oración, en nuestro interior, para luego vivirlo y ofrecerlo a los demás.
En este pasaje Jesús es
presentado en su entorno familiar, y en su pueblo de Nazaret, y lo hace en el
lugar más importante: la Sinagoga, donde se congrega el pueblo para escuchar la
proclamación y la enseñanza de la Palabra de Dios.
La elección del texto del
profeta Isaías, no es una casualidad, porque va a marcar un nuevo rumbo en su
vida. Jesús va a recuperar el sentido original profético, y lo va a actualizar
en su propia persona. Él es el enviado, por eso dice: ‘hoy se cumple está
escritura’.
El mensaje que trae Jesús es
el anuncio del Reino de Dios, un nuevo tiempo para proclamar y evangelizar,
palabras que repite, y que dan una verdadera dimensión de su misión profética y
mesiánica. Su enseñanza es activa y renovadora, con el objetivo de no quedarnos
ensimismados en tradiciones y modos antiguos, que en ocasiones están vacíos.
Recuperar el espíritu profético, para anunciar la Buena Noticia, aquí y ahora,
en nuestra realidad, en nuestros ámbitos, porque es una tarea más que necesaria
en la actualidad.
El Espíritu de Cristo nos
invita a seguir su estela, para llevarla al mundo con nuestros lenguajes y
modos, para que se encarnen en nuestra sociedad. Pero sobre todo fijándonos en
la autoridad de Jesús, pues no solo enseñaba con palabras y parábolas, sino
también con sus obras: curando enfermos, liberando oprimidos, ofreciendo
alternativas de vida nueva, sobre todo a los últimos de la sociedad, a los que
apenas tienen esperanza, ni ilusiones. Ese debe ser nuestro itinerario de vida
cristiana.